Sin duda, una de las parábolas del cristianismo más conocidas es la del Hijo Pródigo. Probablemente porque lanza un mensaje aplicable no solo para los creyentes, sino para cualquier persona. 

Lo que cuenta la parábola del hijo pródigo

La parábola del hijo pródigo cuenta la historia de un padre con dos hijos: uno responsable, trabajador y obediente y otro que es su antítesis: irresponsable, derrochador, desobediente… Un buen día el hijo irresponsable decide reclamarle al padre su parte de herencia y abandonar el hogar. El hijo responsable se mantiene al lado de su padre, trabajando con él y cuidándolo. El irresponsable, por contra, despilfarra su herencia de mala manera, de forma que pasado un tiempo se encuentra sin techo, ni comida, ha perdido todo; en esta circunstancia se da cuenta de lo que ha hecho y arrepentido decide volver con su padre. 

Lo que este hijo pródigo recibe al llegar es el abrazo alegre de su padre, que lleno de felicidad da una fiesta por la vuelta de su hijo. Este acto de misericordia y bondad despierta la envidia y soberbia en el hijo que siempre estuvo a su lado: “yo he seguido a tu lado, obediente y amoroso, y nunca has festejado por mi”. La respuesta del padre provoca una gran reflexión y aquí es donde está la clave de la parábola: “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado”.

La parábola del hijo prodigo: una gran reflexión… o quizá dos

La parábola del hijo pródigo habla de la misericordia de Dios para los pecadores arrepentidos y la sincera alegría por la conversión de los descarriados. Al relatarla, Jesús hacía una alegoría sobre la conversión de los pecadores y el perdón de los pecados. Si profundizas sobre ello aparece no solo un tema, sino dos, para reflexionar:

  • Habla de la debilidad ante la tentación, no solo a través del hijo pródigo, también a través del hijo responsable, con su reacción de soberbia y celos ante la celebración por la vuelta del hermano. 
  • Habla del poder del arrepentimiento y de que la conversión siempre es posible gracias al perdón sincero y la misericordia, a través del hijo pródigo sí, pero sobre todo a través del padre

Para profundizar en estas reflexiones, como siempre, tenemos una recomendación cinematográfica perfecta (y de estreno en Famiplay): “La familia Reyna”.

“La familia Reyna”, una nueva lectura del hijo pródigo

La familia Reyna” parte de la historia que narra la parábola del hijo pródigo pero con una propuesta realmente interesante y original: aquí la figura central no es el padre, sino la madre. A lo largo de la película vivimos una historia familiar muy humana y cotidiana, con un guión y diálogos muy cuidados, que consigue crear una conexión directa con las emociones sin resultar excesivamente intensa gracias a los toques de humor que aparecen en los momentos más adecuados y que mejoran aún más el desarrollo del drama. 

El film sigue sumando puntos positivos gracias gran factura técnica y trabajo de fotografía que se agradece, dada la espectacularidad del entorno donde se rueda, el Valle Constanza (República Dominicana) y que cierra un círculo virtuoso gracias a las grandes interpretaciones de los actores, en la que destaca la transformación física del “hermano pródigo” encarnado por David Maler, aunque es justo reseñar las grandes críticas que la protagonista encarnada por Adalgiza Pantaleón, catalogada de una interpretación brillante. 

Gran historia, buenas interpretaciones y espectacular factura técnica. Sin duda una película que va directa a la lista de “imperdibles”.

Por cierto, ¿sabías que comúnmente se utiliza mal la expresión “hijo pródigo”? las personas normalmente se refieren a “la persona que vuelve después de un tiempo lejos” cuando en realidad significa “persona derrochadora”, es decir, cuando llamamos a alguien hijo pródigo en realidad le estamos llamando “despilfarrador”, no “retornado” 😉